Kasbah

Un bazar en mi mente…

(Cuentos…) L’Ayalga Marzo 27, 2007

Archivado en: Cuentos, nenes — llara @ 4:52 pm

No siempre fue Olay una Ayalga:

Nació mortal; y como mortal vivió hasta los diecinueve años.
Su madre la había advertido de que corrían tiempos de cuélebres: el monte se hallaba infestado de ellos… como si allí hubieran establecido su Reino esas criaturas, llegadas de nadie sabía dónde.

Y todas las mozas, como Olay, sabían que los cuélebres adoran la música:

Como ningún humano-en su sano juicio- se acerca a esas monstruosas serpientes-dragón, pasan décadas añorando el sonido de un rabel.

Olay adoraba la música, los prados,las riberas del río, el monte, las flores…

Dotada del encanto y belleza de una Xana, bien podía ser fácil presa de los cuélebres, a juicio de su preocupada madre.

Por eso, si bien la belleza y dulzura de su hija no eran cosa de “remedio”, sí lo era el mantenerla ignorante del manejo de cualquier instrumento musical…

Y lo consiguió durante dieciocho años.

Mas, el día del diecinueve cunpleaños de Olay, su amigo Pelayo la festejó con un concierto de rabel.

Y tanto le gustó su música a Olay, que le rogó a su amigo le regalara aquél instrumento capaz de hacer magia con sólo tres cuerdas.

Pelayo, que había construído por sí mismo el rabel, se sintió feliz de poder cumplir el deseo de Olay… y le entregó el rabel.

La moza, temerosa de la reacción de su madre, si se presentaba en casa con el rabel, decidió esconderlo tras unas peñas de la ladera del monte.

A salvo ya de las recriminaciones maternas, Olay acudía cada día, sola, a buscar su preciado rabel… y practicaba cada día, hasta llegar a arrancarle las notas más dulces que rabel alguno pudiera contener en su caja de cerezo.

Pulsaba un día las cuerdas, dando vida a las notas, creando historias , ensoñando sus imágenes, cuando…

Unas zarpas llenas de escamas la alzaron en vilo y la alejaron de la falda del monte.

Olaya despertó de su desmayo entre las ruinas de un palacio… habitado por cuélebres:

Inmediatamente supo lo que de ella se esperaba… que tocara su rabel, sin pausa ni descanso, para deleite de los monstruos.

También supo entonces que no podía negarse, pues sobre ella, por obra de las zarpas del cuélebre, había caído un hechizo: ahora era una Ayalga.

La vida de Olay transcurrió, a partir de entonces, entre notas de rabel, cada vez más tristes y melancólicas. Y el gesto de su rostro se transformó en una tristeza y amargura infinitas… privada de la compañía de ser humano alguno, prisionera entre muros rezumantes de humedad y siempre a punto de desplomarse sobre ella…

Olaya abandonaba su mortalidad para convertirse en otra cosa… no-mujer, no-humana; tampoco ser mágico…

Pero descubrió que, con el hechizo, algunos dones le habían sido otorgados: a fuerza de imposibilidad de comunicarse siquiera con los cuélebres, Olay contaba sus tristezas a las plantas y flores que crecían entre el musgo de las piedras del palacio… y las plantes llegaron a entenderla… y a responderle.

De su comunión con las plantas, le nació a Olay un ceñidor de flores en torno a su cintura… y una corona de violetas se aureoló en su frente.

Pasaron los días, los meses… sin más compañía que su rabel, sus amigas plantas… y la invisible presencia de los cuélebres, siempre urgiendo-sin gestos, sin palabras- música ¡más música!.

Y llegó la primera nueche de San Xuan desde su secuestro.

Olay escuchó un silencio inusitado en el palacio, en sus alrededores… y preguntó a las plantas la razón:

.- “Los cuélebres duermen. Siempre les pasa esta noche del año”. “¡Ahora es tu oortunidad para escapar”

.- Pero… ¿dónde iría?… ni siquiera sé en qué lugar me hallo… nunca había visto este palacio… ¡no sabré regresar a mi casa!”-lloraba Olay-

.- “¡Confía!¡confía!-susurraban las plantas-

Y Olay decidió hacerles caso:

De puntillas, por no despertar a los cuélebres, salió por vez primera a la noche estrellada, a la luna llena.

Y con su rabel, firmemente apretado bajo un brazo, Olay corrió, corrió… lo más rápido que pudo, para alejarse lo más que sabía del palacio, de los cuélebres.

Pero algo en ella estaba ocurriendo: se sentía cada vez más ligera y, al tiempo, llena de brasas.

Y era cierto: se hacía pequeña, pequeña, luminiscente, incandescente… una brizna de fuego, una chispa fatua…

Perdida, asustada de la nueva transformación, Olay vagó entre los árboles: posada en sus hojas, picando el aire hasta el suelo, buceando en los maizales… desesperada por hallar un camino, una razón, una escapada.

Alguien, camino de la hoguera de San Xuan, vio ese diminuto fuego fatuo … despegar, aterrizar, levantar el vuelo, posarse de nuevo… tan errático que se le imaginó un potencial peligro para la cosecha, para las casas cercanas:

Diego se armó con una estaca de madera y atacó a la chispa, para neutralizarla antes de que prendiera algo.

Y sucedió algo muy extraño: acertó a la pequeña brasa y… en lugar de apagarla, cayeron sobre él un montón de cenizas…

Mientras, extrañado, se sacudía Diego las cenizas, éstas se separaban de él y se arremolinaban… como queriendo formar un dibujo.

Y cuando termnó de formarse, Diego comprobó que habían creado una hermosa doncella con un rabel bajo uno de sus brazos…

Diego pensó de inmediato que había topado con una xana-nada de extrañar en una noche mágica como la de San Xuan-

pero, antes de que pudiera preguntar a la desconocida, ésta le ofreció, en silencio, uno de los extremos de su ceñidor de flores…

Aún consciente Diego de que podía tratarse de una trampa, y terminar su historia en el fondo del río… decidió arriesgarse: tanta era la tristeza que manaba del rostro de la doncella.

Tirando del otro extramo del ceñidor, Olaya condujo a Diego hasta el Palacio de los Cuélebres. Allí, viéndoles aún dormidos, Diego armó un gran estruendo paa que despertaran y huyeran de su presencia, para siempre… liberando así a la Ayalga.

Fue así como Olay recuperó su naturaleza mortal y… volvió a casa, de la mano de Diego.

Y no sé si se enamoraron, ni si se casaron. Ni siquiera si en el palacio de los cuélebres habia algo de esos fabulosos tesoros que las leyendas prometen a los salvadores de las Ayalgas.

Sólo sé que a Olaya le llevó bastante tiempo borrar de su cara la expresión de tristeza que le nació mientras vivía con los cuélebres.

Y Diego la ayudaba mucho, mucho…

Fin

Junio

 

Cuentos e Historias: “La Pluma” Marzo 27, 2007

Archivado en: Cuentos, nenes — llara @ 4:47 pm

Los pájaros migraban, como cada año, a sitios cálidos en los que el invierno no existe.

Una de esas aves (quizás por un giro brusco con viento en contra… igual porque así lo dictaba la fase de muda) perdió una pluma en pleno vuelo.

La pluma, aunque parezca mentira para algo tan ligero, caía a una velocidad vertiginosa: deprisa, deprisa, girando en el aire, azotada por las corrientes, casi arrancada de su cañón…

Aún poseída por el vértigo de la caída, la Pluna pensaba:

.- “Si no me destroza el viento, me romperá el choque contra el suelo. ¿Es que nadie se ha dado cuenta de que me he desprendido y caigo?”

Antes de terminar de formular este pensamiento, la Pluma se vio en el suelo: no habia sido un aterrizaje tan perfecto como si acompañase aún al ave, su propietaria… pero tampoco fue tan traumático como temía.

Cuando abrió los ojos (porque las plumas tienen ojos… y si no no lo crees, mira las de un pavo real) se dio cuenta la Pluma de qe el cielo quedaba muy lejos, muy arriba, fuera de su alcance.

Miró entonces a su alrededor, para darse cuenta de que estaba en un prado verde… completamente enfangado.

Llovía, y la Pluma tenía frío… completamente empapada, sola y desprovista del abrigo de sus compañeras de ave.

  .- “¿Porqué tengo tan mala suerte?”-se lamentaba la Pluma- “¡al menos podía haber caído en una tierra soleada, como esa a la quenos dirigíamos cuando caí!”.

“Aquí me pudriré, a buen seguro… en absoluta soledad, sin que nadie me eche de menos, sin compañía siquiera del sol… ¡qué desgraciada soy!”.

Y, ciertamente, pasaron muchos, muchos días, de absoluto abandono para la Pluma: a veces merodeaba por allí algún pequeño roedor, que se limitaba a olisquearla y, al comprobar que no era “comida”, se marchaba sin más.

Otras veces, pasaban animales más grandes, y a la Pluma le daban miedo sus cascos, capaces de triturarla de un solo pisotón…

Al menos, el sol saió para ella, y le permitió secarse, sentir su tibieza y alegrarse de seguir entera… mientras, poco a poco, con el paso de los días, la Pluma abandonaba la esperanza de que algún pájaro la recogiera… cuando menos para hacer más confortable un nido.

Un día, la Pluma escuchó una algarabía que nada tenía que ver con lo que hasta entonces había conocido…

Niños… eran niños: lo supo en cuanto las voces se acercaron a ella lo suficiente como pare reconocer en ellas esos cuerpos que había visto tantas veces desde el aire.

.- “¡Mira! ¡Una pluma!-gritó a un compañero uno de los niños-

.- “¡Déjame verla!”-gritó el otro- “Bah… es una pluma vulgar y corriente que no vale para nada. ¡Vamos a pelarla!”

Y la Pluma se dio cuenta de que allí terminaba su historia, al verse zarandeada entre dedos bruscos que tiraban y tiraban de ella, para desprenderla.

.- “¡Si no queréis esa pluma, dádmela a mí!”- escuchó decir a otro niño-

.- “¿Para qué la quieres?. ¡Si es una cosa inútil!-respondió el que la rompía-

.- “Ya veré… de momento, te la cambio por este grillo que acabo de encontrar”

.- “Eres tonto, tío… sales perdiendo con el cambio: Trae el grillo y toma la birria ésta de pluma”

Mientras el nuevo propietario de la pluma la examinaba, le iba contando en voz muy bajita, para que los otros niños no se enterasen, de sus planes:

.- “Mi abuelo tiene un bote de cristal, lleno de tinta… y me ha enseñado a tallar las plumas, para poder escribir con ellas. ¡Cuántos cuentos escribiremos tú y yo!.

Y si te estropeas el cañón al rasgar el papel, te llevaré en mi sombrero de pirata, como adorno.

Y si mi sombrero se rompe, te soplaré y haremos que vulevas a volar… y, mucho tiempo después, te dejaré en el nido del árbol que hay frente a la ventana de mi cuarto, para que les des calor a los polluelos… “

La Pluma se dio cuenta de que su vida iba a ser muy, muy larga y buena. Y pensó que, después de todo, había tenido mucha suerte al desprenderse en pleno vuelo.

FIN

(Junio)

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    (El Club…) Esas pequeñas cosas… Marzo 27, 2007

    Archivado en: El Club, Tipos — llara @ 4:42 pm

    .- La casa patas arriba por “culpa” de una tostada.

    .- El espejo pingando gotitas, por “culpa” del cepillo de dientes eléctrico.

    .-Eel water… sin comentarios…

    .-La mascarilla de pepino, asustando al personal.

    .-Que si a ella le da pavor el fútbol; que si él ni se entera de que ha ido a la peluquería…

    Esas pequeñas-o grandes- cosas…

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    El Club de los Ex-Cónyuges Marzo 27, 2007

    Archivado en: El Club, Tipos — llara @ 4:36 pm

    Waterloo fue una tontería…

    … Comparado con las

    refriegas que pueden producirse en y tras las rupturas.

    Una pareja “urbanizada” termina su relación en la mejor de las relaciones posibles: por sí, por quienes de ellos dependen.

    Pero… no suele ser ésta la tónica general. Mucho me temo que la gran mayoría comienzan por destrozar la vajilla y otras… bueno: me remito a películas como “La Guerra de los Rose”…

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    Sólo para WordPress: Presentación Marzo 27, 2007

    Archivado en: Explico — llara @ 3:35 pm

    A ver si empiezo a explicar alguna cosina de las que me he encontrado en esta plataforma.

    .- Presentación:

    En vuestro blog, una vez que habéis entrado “en el sistema”, encontráis unas pestañas (generalmente, en la parte superior izquierda).  La primera de esas pestañas se despliega, las otras no.  Una de ellas se llama “Dashboard”: si picais ahí , podéis ver otras pestañas con una serie de elementos, entre los que se encuentra “Presentación”.

    Esta pestaña sirve para cambiar el aspecto de vuestro blog:  para ponerle una nueva plantilla. Para ello, sólo tenéis que legir la plantilla que os parezca bien, picar en ella y listos. Podéis ver el resultado picando en “ver sitio”. Y no tengáis miedo de perder nada.

    A diferencia de lo que ocurre con blogspot., aquí podéis cambiar la plantilla sin perder ni entradas ni widgets. :D

    Pero también hay ottra utillidad en la pestaña “Presentación”. Si os fijáis, al picarla os salen una serie de pestañas debajo: “CSS”, Mejoras”, Widgets”…

    De los widgets hablamos ahora.

    Casi todas las plantillas de “fábrica” de WordPress contienen widgets, como los emoticones, la lista de comentarios, lista de categorías, RSS de comentarios y entradas, calendario, etc…

    Fijáos al picar en “widgets” que os sale- en la ventana inmediatamente debajo- una lista “movible”, debajo de un esquema de la sidebar o sidebars (si hay más de una) de vuestro blog.

    Para incorporar esos widgets a vuestra sidebar y blog, sólo tenéis qye arrastrarlos- con el ratón- hacia arriba, donde está el esquema de la sidebar; y colocarlos en el orden que queréis ver en esa sidebar.

    Cuando lo tengáis todo en orden, guardad y ved el resultado: en vuestra sidebar habrán aparecido los widgets que habéis elegido.

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    Rectifico: Marzo 27, 2007

    Archivado en: Comento — llara @ 3:57 am

    Me gusta … ahora que sé cómo hacer las cosas por aquí, je.

    :P

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