L
os problemas vienen en “manada” (lo mismo que las alegrías: sólo que los períodos de éstas me resultan más bien de sequía). ¿O debiera decir “en estampida
Quizás se deba a la obsesión, al empecinamiento-y la duda- en “tener” que resolver uno a uno o en conjunto los aspectos del caos en que veo mi vida; y a la terrorífica sospecha de ser gobernado por un dios dormido y ausente, cuando no absolutamente indiferente.
El caso es que levanto los ojos del fuego que arde en el hogar y allí está: un ser diminuto, estrambótico; se acerca a mí con pasos de piernas cortas y, aparentemente, desde la Nada.
El sobresalto es mayúsculo:
.-
¿quién o “qué” eres tú?- consigo articular-
.- Soy la Salvación- me responde el engendro, trepando a mis rodillas-
.- ¿De qué hablas?- me asombro- ¿Quién te ha llamado? Y, por cierto: si la salvación que ofreces es tan pequeñita como tu apariencia, aviado está tu “salvado”.
.- Como tú mismo apuntas, lo que ves es sólo apariencia: de forma que ahórranos la ironía- contesta molesto el ser- soy un diablo y vengo a ofrecerte un trato.
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