Kasbah

Un bazar en mi mente…

(Cuentos…) Algunos enanitos… Marzo 31, 2007

Archivado en: Cuentos, Y no tanto, nenes — llara @ 5:43 pm

Si los niños tienen un Angel de la Guarda, los enanitos tienen un Hada Protectora..
A los enanitos les da, muy a menudo, por caminar sobre las hojas de los árboles… sin darse cuenta de que las gotas de rocío hacen resbalar las suelas de las botas y… se pueden caer y hacer daño.También les gusta desafiar los dientes del caimán que vive en la ciénaga del bosque… como quien atrapa moscas en un vaso.Y se lanzan al arroyo, confiando en la poca profundidad de sus aguas… sin saber nadar.

Se burlan de los humanos, asustándoles con voces guturales y carreritas sobre las hojas crujientes… o chascando ramitas (lo que, en el silencio y soledad de algunos rincones, provoca un estruendo pavoroso)

Loe enanitos se despiertan ya con la idea de pasar un día divertido y despreocupado. Porque para preocuparse… ya están las Hadas Protectoras.

Hadas Protectoras, Preocupadas y muy, muy Ocupadas: porque los enanitos no dan tregua desde que el sol se despereza hasta que apoya su cabeza sobre el horizonte.

Hada llevaba unos días pidiendo a las Hadas superiores que la relevaran. Y es que ¡no podía más!. Los enanitos siempre defendían sus travesuras con cosas como “me dijiste que eso no se hacía… ¡hace tanto tiempo que ya no me acordaba!” o: “nunca me dijiste que ésto era peligroso”.

Y Hada no sabía ya… si realmente la memoria de los enanitos era tan corta como la de un pez… si los enanitos se burlaban de ella… si nunca aprenderían a advertir el peligro…

Ya no sabía…. tan sólo que movía, con toda la rapidez de la que era capaz, sus pequeños élitros… de la mañana a la noche, salvando enanitos de mil peligros a los que ellos mismos se asomaban, como si los buscaran conscientemente.

.

Y uno de esos días, los enanitos decidieron que era un buen día, como otro cualquiera, para jugar a limpiar los dientes del caimán que vivía en la ciénaga. ¡Qué sucios estaban esos dientes!.Se armaron de ramitas y se acercaron a la ciénaga. Invocaron al cocodrilo entre gritos, sabiendo que aquél tenía unas ganas inmensas de cerrar sus fauces sobre alguno de esos impertinente y diminutos seres. Pero esa consciencia delpeligro le daba más sabor a la aventura.Como un tronco a la deriva, verde y sigiloso, se acercó el caimán a los enanitos… sumergido hasta los amarillentos ojos, dispuesto-esa vez- a hacer alguna presa.

Y los enanitos, en la orilla, festejaban con todo el júbilo posible, la llegada del lagarto; y anticipaban, entre saltos de alegría, la diversión que estaban por disfrutar.

Pero, esta vez, algo no salió como debiera: uno de los enanitos, que se había arriesgado más de la cuenta en el interior de la ciénaga, notó que resbalaba y no podía dar marcha atrás.

´Se asustó y pidió ayuda a sus compañeros, quienes hicieron una cadena… tan resbalosa de barro que nada pudieron hacer, salvo comtemplar horrorizados el rápido avance de los ojos dorados hacia ellos.

Llamaron a gritos a su Hada… que descansaba, en ese atardecer, de tantos atardeceres cansados, de avisos y salvamentos sin cuento.

Llegó el Hada justo a tiempo para arrebatar al enanito de las fauces del caimán… reuniendo todas sus fuerzas para convertir su vuelo mágico en un torbellino. Y alzó al enanito en apuros desde lo más alto de su gorro rojo para, con sus últimas fuerzas, lanzarlo sobre la orilla, donde esperaban los demás.

Tan ocupados estaban los enanitos espiando el rescate que… perdieron de vista al Hada.

Horas después, cuando estaban cansados del festejo organizado por el salvamento, se percataron de la ausencia de su Hada. Pero estaban tan cansados… que decidieron dejar las preguntas para otro día.

Y al otro día, sólo se volvieron a preguntar cuando hubieron de arreglárselas solos para salir del consabido apuro. Como no les gustaba nada cuidarse solos, decidieron buscar al Hada y regañarla por dejarles solos y preocupados. Esa era una nueva sensación en los enanitos: la preocupación por alguien que no fueran ellos.

Buscaron, todo el día, en los rincones donde sabían que su Hada se refugiaba… y no la encontraron. Preguntaron a todo ser viviente en el bosque… y nadie sabía nada de ella.

Al caer la noche, casi tenían la certeza de que Hada había desaparecido en la ciénaga, y decidieron acercarse y preguntarle al caimán:

.- “¿Por qué buscais a quien nunca fuisteis capaces de ver cuando estaba ante vuestras narizotas?-replicó el caimán-

.- “Sólo la buscais cuando la necesitais y… ¡pues bien!. Ya no está en otro sitio que no sea… el interior de mis tripas.
Hada pagó por vosotros el precio de vuestros caprichos, como siempre. Esta vez, la última”

Y, diciendo ésto, el caimán se alejó.

Los enanitos se quedaron en silencio, sin saber qué hacer o què decir, con un común sentimiento de pérdida definitiva y, por vez primera en sus vidas, de punzante arrepentimiento.

Desde entonces, ningún Hada quiso cuidarles y ellos mismos, recordando ahora las advertencias y precauciones del Hada, hubieron de ayudarse unos a otros para sobrevivir en el bosque.

Y nunca, nunca… supieron que el caimán les había mentido: porque no se había comido al Hada, contra la que no tenía nada… sino que la había dejado escapar con un sólo susurro de advertencia: “si te quedas, serán ellos, los enanitos, quienes terminarán por devorarte… por quitarte todo lo que eres, a fuerza de ingratitud y egoísmo. ¡Vete!”

……………………………

Creo que el Hada está aún disfrutando de unas largas, larguíiiiiisimas vacaciones… sin enanitos, por supuesto.

Junio

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    (Cuentos…) Una Princesa en la Montaña Nublada Marzo 31, 2007

    Archivado en: Cuentos, Y no tanto, nenes — llara @ 5:41 pm

    Erase Una vez que se era…
    Una Princesa que vivía en su castillo sin que nada le faltara… este “nada” eran sus libros: Una inmensa biblioteca con estanterías que recorrían la sala de pared a pared y de suelo a techo, donde anidaban las horas, día tras día, de la princesa.
    Sentada en su silla de alto respaldo y asiento de terciopelo rojo-vino, frente a las enormes vidrieras, vivía su mente en las historias de papel.Uno de esos días, el Rey y padre de la princesa, decidió que había llegado para ella la hora en que las mujeres han de contraer nupcias y dar hijos al esposo y al reino, y de esa forma se lo hizo saber a su hija. Mas ésta rogó, suplicó, imploró un aplazmiento de la “sentencia”… más aún: se atrevió a sugerir que sólo ella debía escoger el nombre de su amado.
    Mas el Rey, conociéndola como la conocía, denegó todos y cada uno de sus votos y, recomendándole conformidad, se dispuso a señalar pretendiente y fecha.
    Desde ese día la princesa se refugió aún más en su mundo de ilusión, agotando desesperada, el castillo de fuegos de su biblioteca.

    Pero, he aquí que estalló la guerra… el Mago de la Montaña Nublada llevaba años intentando hacerse con el reino, pero siempre el fracaso acompañaba sus propósitos. En esta ocasión se comentaba ue llegaba con un ejército temible, indestructible, demoníaco… y pronto llegaron a Palacio las lágrmas y la deseperación de cuantos en el confín del reino acudían a su Monarca, perdidas sus vidas, sus hogares…

    El Rey, pues, marchó con su ejército al límite de territorio para detener a las huestes del Mago. Y dejó un pequeño retén en el castillo, al mando del Capitán de sus fuerzas, a fín de que guardaran a la población asentada en sus faldas y a la princesa y su Corte…

    Pronto llegaron noticias de las cuantiosas bajas en el ejército real… entre ellas de quien había sido, por breve tiempo, el prometido elegido por el Rey para su hija… nada se sabía de la suerte del Rey.

    Y la princea amaba a su padre incluso más que a sus libros, y apenas podía soportar la impotencia, la ausencia de noticias sobre su paradero, la inmovilidad forzosa. Hasta que una noche más negra que de ordinario, amparada en las sombras del castillo y burlando a los vigías, montó su corcel y voló como el viento hacia las luces de los incendios a lo lejos.

    Muchos días viajó la Princesa en su reino… de noche acortaba camino, de día, oculta entre las ramas de un árbol, detrás de unos matorrales, cubierta de hojas… descansaba. Alimentándose de cuanto la tierra podía ofrecerle y calmando su sed con el agua de mil reguerillos que discurrían aquí y allá.
    Cada uno de esos días era el éxodo de sus vasallos la tristeza que ensombrecía la preocupación por su padre… familias enteras, con todo lo que podían cargar sobre sí, tullidos, enfermos… arrastrándose unos a otros sobre el polvo del camino…mirando hacia atrás con el espanto pintado en sus rostros…

    La princesa quiso saber a qué se enfrentaba y preguntó sobre la conformación de su Enemigo.

    Un anciano al que solicitó las respuestas le proporcionó algunas de las que buscaba:

    .- “El mago de la Montaña Nublada es el responsable de este infierno que véis, Alteza. Ha creado una raza de soldados invencibles, a los que no podemos destruir, pues arde en ellos una furia inhumana, un ardor que arrasa cuanto sus ojos miran. Se dice que esas criaturas han sido creadas del perverso corazón del Mago. De su corazón que no guarda, como todos nosotros, dentro de su pecho… sino en un lugar ignoto y oculto en que lo mantiene a salvo. Es todo cuanto sé”.
    La princesa recordó haber leído esta historia entre las páginas de sus libros. Y algo más recordó… que las leyendas, los cuentos, las fantasías, los sueños…podían un día hacerse realidad… o pesadilla.

    En el transcurso de los días, sin noticias de su padre, aún pudo la princesa recabar más respuestas sobre el Mago y su Ejército:
    Contaban que esos demoníacos soldados eran marionetas de su escondido y malvado corazón… animadas tan sólo por su deseo y tan indestructibles por cuanto oculto estaba aquél.


    Monstruos de los que apenas era posible escapar una vez rondaban, pues veían incluso en la oscuridad, incluso entre las piedras… parecían detectar el calor de todo ser vivo…
    Y llegó el momento en que el viaje extenuó a la princesa y su montura… y déjaronse caer junto al lecho de un arroyo que discurría cercano a la entrada de un bosque oscuro.Como una ramita quebrada por el viento, se desplmó la princesa en la orilla, dejándose mecer por el sueño y el cansancio… Y soño… soñó…

    “Que se sentía en su sueño morir de sed y que no otra cosa deseaba que beber de las aguas del arroyo. E inclinándose acercaba sus labios; y sus oídos captaban en el susurro del agua un lenguaje, unas palabras:

    .- “Bebe, bebe de mis frías aguas… son las aguas de la Muerte que habrán de llevarte a la vida, devolverte a tu padre y mostrarte el Amor”

    Y la princesa ´bebía del agua helada, y sentía inmediatamente que corría por sus venas, sus músculos sus huesos, todos, como un fatal veneno; y sentía frío, mucho frío… un frío doloroso, insoportable…
    Pero en su sueño se veía levantar y caminar hacia el interior del bosque negro y adentrarse en un pequeño claro en el que un árbol retorcido, chamuscado, jorobado, vencido, inclinaba su desnuda copa a la tierra. Y caminaba, abriéndose paso, entre las bestias que montaban guardia alrededor del árbol, quienes no parecían percatarse de su presencia, salvo por los olfateos al aire que gruñían: como si adivinaran sin ver su presencia…
    Y sin que ningno la detuviera, se vio acercarse al árbol y tender su brazo hacia el interior del nudoso hueco y palpar y tomar…

    Un corazón… palpitante entre sus dedos, bombeando a unas venas inexistentes… negruzco, gangrenado, del color del veneno.

    Y se vio en sus sueño presionando el órgano entre sus manos, con duda al principio, decidida después… mientras el corazón temblaba, como ni tuviera mente… como si la mente fuera de él lo supiera, lo percibiera… y mientras tremolaba, la princesa iba ejerciendo más y más presión, hasta que lo hizo estallar… y con él todas sus obras…
    Y los monstruos que la rodeaban sin verla desaparecieron… sus cuerpos esparcidos como arena al viento. Y una terrible explosión se oyó desde la Montaña Nublada. Y un grito de desesperación, de terror, de furia, ahogaba los oídos y enloquecía la mente,mientras la Montaña excavaba un abisno en la tierra y en él se hundía para siempre…”

    Y la princesa despertó temblando de su sueño. Y sintiendo una urgente sed, decidió hacer de sus manos una escudilla y acercar el agua a sus labios… y mientras se inclinaba, escuchó las palabras que el arroyo pronunciaba en su sueño:

    .- “Bebe, bebe de mis frías aguas… son las aguas de la Muerte que habrán de llevarte a la vida, devolverte a tu padre y mostrarte el Amor”

    La Princesa decidió arriesgar por el cumplimiento del suaño e hizo cuanto en él había visto. Y así todo transcurrió.

    Y aún pensando que soñaba se encontró en pie… frente al retorcido árbol que albergara el corazón del Mago. A su lado el Capitán de la escolta Real, y ella entre sus brazos… recordaba haber sentido tanto, tanto frío… esa calidez estaba comenzando a vencer el hielo de sus miembros.

    Y el Capitán le habló: que había salido tras ella en cuanto se apercibió de su huída… que había encontrado la Historia de la Montaña Nublada y su Mago entre los Libros de la princesa… y así sabía cómo combatirlo… cómo destruir a su Ejercito de fagocitadores de calor. Cómo destruir el poder del Mago.
    Y la había encontrado, inmediatamente después de que todo hubiera pasado, no-viva, no-muerta… azul su piel como el agua del arroyo.

    Y le explicó lo que en las leyendas de sus libros se narraba: que la vida, el calor, habian de huir de la piel, del propio corazón, para pasar inadvertidos ante los devoradores de energía, apenas un soplo-casi espectral- que con sus últimas fuerzas animara wl movimiento… sólo así alguien podía acercarse y destruir la fuente del Mal.

    Al borde de la Muerte, pues, estaba la Princesa, cuando el Capitán la tomó entre sus brazos para devolver el calor a sus miembros… al borde de la intuición del Amor se halló la princesa en ese instante… mientras escuchaba el rumor lejano de cascos de caballos y de las trompetas reales que anunciaban… la llegada del Rey, el padre.

    FIN

    Junio

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    (Cuentos…) De tratos con un diablejo Marzo 30, 2007

    Archivado en: Cuentos, Y no tanto, nenes — llara @ 3:34 am

    L

    os problemas vienen en “manada” (lo mismo que las alegrías: sólo que los períodos de éstas me resultan más bien de sequía). ¿O debiera decir “en estampida

    Quizás se deba a la obsesión, al empecinamiento-y la duda- en “tener” que resolver uno a uno o en conjunto los aspectos del caos en que veo mi vida; y a la terrorífica sospecha de ser gobernado por un dios dormido y ausente, cuando no absolutamente indiferente.

    El caso es que levanto los ojos del fuego que arde en el hogar y allí está: un ser diminuto, estrambótico; se acerca a mí con pasos de piernas cortas y, aparentemente, desde la Nada.

    El sobresalto es mayúsculo:

    Diablo.-

    ¿quién o “qué” eres tú?- consigo articular-

    .- Soy la Salvación- me responde el engendro, trepando a mis rodillas-

    .- ¿De qué hablas?- me asombro- ¿Quién te ha llamado? Y, por cierto: si la salvación que ofreces es tan pequeñita como tu apariencia, aviado está tu “salvado”.

    .- Como tú mismo apuntas, lo que ves es sólo apariencia: de forma que ahórranos la ironía- contesta molesto el ser- soy un diablo y vengo a ofrecerte un trato.

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